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Friday, 28 March 2014

¿EUROPA Y EEUU LOS GRANDES BENEFICIADOS DE UNA CRISIS EN CHINA?

Desde el punto de vista del comercio internacional en estos momentos estamos ante diversos sucesos que ocasionan cierta incertidumbre en los mercados, como son el caso de Ucrania, Rusia, Venezuela y China. Estamos hablando de países que son parte de los llamados países emergentes y estamos en un contexto del que las economías avanzadas no logran salir definitivamente de la crisis, por lo que solemos escuchar presagios de que algo nuevo puede ocurrir, haciéndonos preguntar, cómo afectaría esto a los actores principales del comercio exterior, entendiendo como tales a la UE y EEUU, mientras que en el lado opuesto, cómo afectaría esto a los emergentes, entendidos como tales a China, Rusia, Latinoamerica en su conjunto y principales economías asiáticas sin incluir China.



Para ponernos en el tema vamos a describir los hechos que han llevado a que los países emergentes estén siendo hoy observados con suma atención. Estos países tropezaron de una crisis a otra en las décadas de 1980 a 1990, pero su suerte empezó a cambiar en los primeros años del nuevo milenio, ya que invertir en los mercados emergentes era más rentable. Invertir un dólar en acciones de estos países a principios de 2003 generaba unos 4,78 dólares a finales de 2010, es decir una rentabilidad del 21,5% al año, mientras que invertir un dólar en acciones de las principales economías mundiales generaban 2,02 dólares, es decir un 9% anual en ese mismo período.

Hubo una combinación de factores que impulsaron un desarrollo extraordinariamente favorable que produjeron tasas de crecimiento muy por encima de su experiencia histórica, pudiendo mencionar entre ellos al consumo alimentado por la deuda de las economías avanzadas y el consiguiente aumento de las exportaciones de los mercados emergentes; la integración de China en el mercado mundial y el súper ciclo de los productos básicos asociados; la amplia disponibilidad del financiamiento externo barato; y también la adopción generalizada de políticas de estabilización macroeconómica. Así pues, las economías emergentes crecieron a unas tasas promedio del 7,5% anual en el período posterior a la década del 90 y previo a la crisis financiera mundial, y se cree que ha sido lo que condujo en parte a dicha crisis, ya que dependían de la creciente demanda de las economías avanzadas, principalmente de EEUU, ya que en términos simples China invertía en infraestructura necesaria para apoyar a su sector exportador beneficiándose ampliamente del consumo alimentado por la deuda de Occidente. Mientras tanto, el resto de países emergentes se centraron en las materias primas y productos semielaborados necesarios para alimentar la vibrante máquina de exportación China.

A partir de la crisis financiera de 2009, China para compensar sus posibles efectos, fomentó el auge del crédito utilizado en gran parte para financiar la construcción de bienes raíces e infraestructuras, permitiéndoles crecer un 45% desde finales de 2008 hasta 2013. Un dato curioso, es que el grueso de ese aumento del crédito fue de financiamiento no bancario, es decir, crédito que fluía a través de instituciones que no son bancos regulados. Se han creado instrumentos financieros que le han hecho sombra a los depósitos tradicionales de los bancos, tratándose de bonos con poca supervisión y algunos de estos prestatarios ya están empezando a fallar en pagar por lo que los ahorradores volverán a los bancos.

En la actualidad, la economía de EEUU sigue luchando por recuperar el pleno empleo, la economía europea esta en calma debido a las consecuencias de una grave crisis de la deuda soberana y muchos de los países emergentes son cada vez más vulnerables, por lo que la atención macroeconómica mundial se centra más en China. Se hace incapie en que si su crecimiento es lento y si esto podría llevar a consecuencias financieras graves e incluso a una nueva crisis. Es por ello, que de tanto estudiar a China surge la idea por parte de algunos comentaristas de que China podría tener su momento Lehman, o peor aún, su momento Grecia o España con sus particularidades chinas, sonando verdaderamente aterrador.

De momento, pocos son los economistas que dicen que está muy lejos de una situación difícil, ya que aunque el gobierno no garantice a las instituciones no bancarias, lo hará con los grandes bancos, y estos a su vez, tienen un amplio margen para absorber pérdidas, ya que son bancos con mayores rentabilidades que los bancos americanos y europeos al momento de la crisis pasada, haciéndolos más resistentes y en caso de un problema más grave podrían compartir emisiones para recaudar más capital si fuera necesario. Además, China tiene una tasa de ahorro muy alta, asegurándole a los bancos una base de depósitos para seguir prestando, mientras que también el trabajo crece al igual que la inversión en equipo y capital. En conclusión a este respecto, los temores de que el mundo puede hacer frente a otra "crisis de Lehman" que emana de China, parecen muy poco probables.

Ahora, en caso de suceder una crisis de Lehman en China y esta fuera evitada, seguramente afectaría la tasa de crecimiento del PIB estimada en un 7,5% como objetivo del gobierno chino. Entonces, ¿Que pasaría en Europa y EEUU ante una caída del crecimiento del PIB chino? No mucho, ya que China es una pequeña fracción en la economía mundial porque aunque se relacione con el resto del mundo a través del comercio sus importaciones representan el 10% de las importaciones mundiales. Las exportaciones del resto del mundo a China fueron de 1,95 billones de dólares y si estás se redujeran un 15% en una muy mala recesión (se redujeron un 11% en la crisis de 2009) el impacto en el resto del mundo representaría una pérdida aproximada de 300 billones de dólares, un 0,5% del PIB mundial excluyendo a China.

Esto podría ser doloroso en Europa y EEUU si no terminan de salir de sus recesiones, pero con la tendencia positiva de crecimiento no debería ser un problema grave, es más, podrían verse beneficiados de ello, ya que el efecto de una profunda recesión China se sentiría ante la reducción drástica de la demanda de materias primas utilizadas en la construcción y la inversión de infraestructuras, significando que los metales básicos, y energía se volverían más baratos, que a su vez, constituyen las principales importaciones de Europa y EEUU, y sus precios caerían acelerando más su recuperación.

En términos netos, el efecto total de una desaceleración de China podría ser pequeña para el crecimiento en los Estados Unidos y Europa , pero sin duda sería más negativo para los exportadores de materias primas y de los países que producen bienes manufacturados importados por China (Latinoamerica, Rusia y resto de países asiáticos).

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Hasta el próximo articulo...

Leonardo Dufau
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